Mis comienzos en el mundo del emprendimiento fueron cuando era un niño. Cuando tenía 13 años, la situación que atravesaba mi familia me llevó a la conclusión de que trabajar arduamente para alguien más no me ayudaría a salir adelante.

 

Todo el tiempo veía a mi papá trabajar dos turnos por un sueldo mínimo, y llegar a casa de madrugada. Ya que mi hermano y yo crecimos, mi mamá comenzó trabajar en un hotel, limpiando habitaciones, hasta el cansancio.

 

Ambos me decían que, si trabajaba duro, podría lograr lo que yo quisiera, pero me di cuenta de que no era cierto; ellos se esforzaban al máximo día y noche, y aunque teníamos techo y comida, estábamos lejos de estar en una situación privilegiada.

 

En San Pedro, California, donde crecí, no veía la pobreza, porque vivía dentro de esta, pero en la escuela, conocí otro segmento de la población: había niños que se vestían mejor, vacacionaban en lugares maravillosos y sus papás tenían carrazos. Vi otra manera de vivir, y decidí que quería entrar a ese mundo.

A fin de lograrlo, tuve que cambiar el chip que mi familia había implantado en mi mente desde que nací y borrar todas las ideas que tenía hasta el momento.

 

Como muchos latinos, mis papás estaban tan preocupados por darnos lo que necesitábamos que se olvidaron de la razón por la cual cruzaron la frontera y comenzaron de nuevo. Con el tiempo, la gente se convierte en experta en consumismo y deja de lado sus anhelos.

 

El mayor problema es la percepción que las personas tienen sobre el manejo del dinero; al pobre le fascina endeudarse. Por eso, mi batalla principal es contra esa mentalidad. Me entristece encontrarla hasta en mis alumnos. En las giras empresariales, en lugar de ver las posibilidades que los proveedores ofrecen y lo que pueden lograr, cuestionan si en realidad harán dinero; minimizan el hecho de que, vendiendo esos artículos, muchos han ganado más de un millón de dólares.

 

Lo que te detiene y no te permite ver más allá de tu realidad inmediata es, precisamente, esa manera de pensar. Mientras sigas guiándote por dichas ideas, te mantendrás en el mismo punto, sin crecer. Solo lograrás el éxito si consigues eliminarlas y llenar tu mente con pensamientos de emprendimiento.